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Mientras terminaba de dar la última pincelada, me recosté para contemplar lo que había creado: una combinación de colores vibrantes y figuras geométricas que evocaban las espaldas de mujeres andinas con atuendos típicos y trenzas cayendo sobre sus hombros. Era Septiembre, y yo había pasado tres días pintando sin parar para tener esta pieza lista para el Pittsburgh Taco Festival, un evento que busca celebrar la comunidad latinoamericana en la ciudad.

Esta explosión de colores y formas estaba inspirada en mis raíces Peruanas, pero no habría sido posible sin mi presencia en Pittsburgh.

El mes anterior, había pasado tres semanas de vuelta en Lima, mi hogar. Este viaje llegó en un momento decisivo en mi vida que me llevó a reflexionar sobre lo que es realmente importante para mí y a redefinir mis creencias. Ya llevo viviendo más de siete años en Estados Unidos, y cada vez que regreso a casa, me encuentro en una fase diferente de mi vida, enfrentando una nueva serie de oportunidades y desafíos. Cada una de esas veces, mi país ha estado ahí para mi, proporcionándome los elementos y la perspectiva necesaria para evolucionar a través de ellos. En esta ocasión, mi tiempo de vuelta en casa alimentó mi alma y me dio sustento. También me llenó de claridad y fuerza para avanzar con propósito y ambición. 

Cuando pasas fuera de tu país por un período de tiempo prolongado, empiezas a entender la importancia de construir un hogar fuera de casa. También comienzas a cuestionarte cuánto de cada lugar puedes integrar en tu vida diaria y construir en tu futuro.

Llevo dentro de mi mundos muy diferentes que coexisten: los lazos profundos de mi herencia Peruana, la influencia de la cultura Estadounidense, la destreza analítica de mi profesión y la libertad expresiva de mi arte. En este viaje, empecé a buscar una conexión madura e intencional con mi país y mi cultura mientras construía una vida en Estados Unidos. Me puse a pensar en el equilibrio que quería de estos mundos para tener una vida realizada y me di cuenta que esto requeriría abrir espacios y compartir partes de mi cultura e identidad en Pittsburgh.

A woman in a white top and denim skirt sits on a windowsill holding a paintbrush, with an abstract painting on an easel behind her.
Romina Tello Lobato se sienta por la ventana donde ella pinta en su apartamento en Shadyside. La pintura en la que ella trabaja presenta remolinos de oro que capturan el movimiento o el cambio de luz. (Foto por Stephanie Strasburg/PublicSource)

Poco después de regresar de Perú, me encontré nuevamente sentada en mi estudio de arte en mi apartamento. A medida que la inspiración comenzaba a fluir, comencé con el ritual de preparar mi espacio para iniciar un nuevo cuadro. Saqué pincel tras pincel, pintura tras pintura y desenvolví un lienzo nuevo. Lo coloqué en el caballete frente a mí y comencé a pintar sin parar por esos tres días. Aunque todo a mi alrededor estaba exactamente como lo había dejado antes de mi viaje, nada se sentía igual. Ahora sabía lo que quería para mí: crear una vida bajo mis propios términos honrando los mundos multifacéticos que llevo dentro. Mi arte se estaba convirtiendo en el puente que conecta los diferentes mundos en mi interior, y esta pintura es la primera expresión tangible de esa conexión.

Componiendo mi paleta

Nací en Huancayo, una ciudad ubicada en el Valle del Mantaro, en los Andes del Perú. Mis más tempranos recuerdos ahí son caminatas por bosques de eucalipto, paseos en bote por lagos, y sumergiendo mis pies en ríos. Todo esto con la cordillera Andina como telón de fondo durante el día y estrellas brillantes durante las noches. Huancayo es una ciudad conocida por sus numerosos festivales, donde sus cuidadanos, especialmente las mujeres, exhiben un gran despliegue de color en sus vestimentas. Es esta celebración de vida tan vibrante y llena de color lo que inspira los tonos vivos y audaces que plasmo en mis pinturas.

Romina Tello Lobato endereza su pintura de las espaldas de mujeres Andinas que fue presentada en el Pittsburgh Taco Festival. En la mesa de abajo, las figurillas Peruanas de alpacas reflejan algunos de los colores usados en la pintura. (Foto por Stephanie Strasburg/PublicSource)

Cuando cumplí tres años, mi familia se mudó a la capital, Lima. Esta ciudad se encuentra en la costa del océano Pacífico. Lima es una ciudad de contrastes, ofreciendo impresionantes atardeceres en el verano, y en el invierno, calles envueltas en niebla. Sus inviernos húmedos con cielos grises perpetuos, le ha ganado el apodo de “Lima la gris”. El entorno costero, y la comida marina fresca que esta ciudad ofrece, permanecen en mi memoria donde sea que haya vivido desde entonces. Mis recuerdos en Lima incluyen viajes de verano a la playa con mi familia y el aroma del mar en las frías mañanas escolares. El mudarme a Lima me introdujo a un estilo de vida más metropolitano, que marcó gran parte de mis años formativos hasta que me gradué de la escuela secundaria.

A los 17 años, cuando llegó el momento de elegir una carrera, enfrenté un dilema. Las pruebas de aptitud vocacional me aconsejaban escoger carreras en campos creativos y visuales. A pesar de esto, tomé la decisión de estudiar ingeniería. Cuestioné dedicarme profesionalmente al arte, porque temía que iba a perder su esencia como pasión si se convertía en mi sustento. También porque quería darme la oportunidad de explorar otras habilidades e intereses que tenía, y opté por lo que se sentía como un camino profesional más estable.

En el 2016, me mudé a Florida para comenzar mis estudios de pregrado. Durante ese periodo de tiempo relegar mi pasión por el arte para enfocarme en lo académico. Aunque sabía que mi amor por el arte siempre sería parte de mí, esta decisión me dejó con una deuda interna que algún día esperaba saldar. 

En el 2020, estaba de vuelta en Lima. El ritmo lento de los primeros meses de la pandemia me abrió espacio para reconectar con mi lado artístico. En paralelo, durante este tiempo estuve preparando mis postulaciones para programas de posgrado. En el 2021, fui aceptada para llevar una maestría en ciberseguridad en Carnegie Mellon University, y en Agosto de ese año, emprendí un nuevo camino mudándome a Pittsburgh.

Una ciudad que conecta

Me mudé aquí con la aspiración de avanzar mi educación académica y crecer profesionalmente, sin anticipar que también sería el lugar que me acogería como artista. Sin embargo, durante mi tiempo en Pittsburgh, una serie de eventos y encuentros me han demostrado que perseguir mi camino artístico no solo es posible, sino sumamente apoyado. 

Este camino comenzó el verano pasado con un encuentro fortuito. Mientras me mudaba de mi apartamento, una pareja que tiene un Airbnb vino a ver algunos muebles que estaba vendiendo y notó una pintura en mi sala. Me preguntaron si yo la había pintado y mencionaron que estaban buscando obras de artistas locales para decorar su lugar. Me entregaron su tarjeta de negocios y me animaron a contactarlos si estaba interesada en crear piezas para ellos, y generosamente se ofrecieron a pagar por los materiales. Me sentí increíblemente apoyada y, por primera vez, vi la posibilidad de crear piezas de arte no solamente para mí, sino también para otros, como una forma de armonizar sus espacios.

Esa semilla de posibilidad permaneció conmigo y, dos meses después, comenzó a crecer. Una tarde, mi roommate llegó a casa y me entregó un volante del Lawrenceville Art Crawl 2023. Intrigada, me dirigí a la calle Butler esa noche y logré llegar justo a tiempo para los momentos finales. Mientras recorría los puestos, interactúe con algunos artistas, me contaron sobre sus trayectorias artísticas y pregunté sobre cómo obtener un espacio en un evento como ese. La energía creativa del Art Crawl era contagiosa y, mientras estaba en Lawrenceville esa noche, me hice una promesa: el próximo año volvería, no como visitante, sino como artista participante con mi propio puesto.

Esa meta tomó impulso en Marzo de este año, cuando una noche asistí al evento en el que Redfishbowl abrió su estudio al público

A las noche de estudio abierto que Redfishbowl organiza todos los jueves conocí a Nikki, una artista residente. Se detuvo en mi mesa para admirar la pieza que estaba pintando y, para mi sorpresa, me invitó a participar en su próxima exposición de arte que estaría curando en Mayo. El tema de la exposición era “Sueños y Pesadillas,” y cada artista debía crear una obra nueva  exclusivamente para la exposición. Mientras reflexiono sobre ese momento, me doy cuenta el rol crucial que Pittsburgh ha jugado en mi crecimiento como artista, presentándome oportunidades que no me habría atrevido a imaginar tan solo un año atrás. 

El autodescubrimiento conduce a un camino enriquecedor 

En Mayo, era parte de un panel de artistas donde por primera vez presenté mi obra más reciente en público. Hablé ante una pequeña audiencia que incluía a algunos amigos que venían a apoyarme. Fue mi primera pieza artística creada desde su concepción con la intención de ser compartida y vendida. El evento también marcó la primera vez que mi arte tuvo una plataforma dentro de un establecimiento artístico reconocido.

A woman sits on a chair painting on a canvas in a room with large windows. Art supplies are on a small table beside her.
Romina Tello Lobato se sienta para un retrato con sus suministros para pintar en su apartamento en Shadyside. Lobato, que llegó a Pittsburgh en 2021 para estudiar en Carnegie Mellon University, ha establecido una práctica de artista más profunda informada por su infancia en Perú desde que llegó. (Foto por Stephanie Strasburg/PublicSource)

Desde entonces, he tenido la oportunidad de participar en el Northside Music Festival en Julio y en el Lawrenceville Art Crawl en Agosto. Finalmente, en Septiembre, tuve un puesto en el Taco Fest, donde expuse mi pintura de las mujeres andinas que solidificó esta serie de experiencias para mí. Durante cada evento, sentía que mi conexión con la comunidad de Pittsburgh iba creciendo. Varios amigos alrededor de Pittsburgh, e incluso de diferentes ciudades, vinieron a apoyarme y comprar mi arte. Hace apenas un año atrás, me había propuesto la meta de tener mi propio puesto en Lawrenceville, y ahora no sólo había cumplido esa aspiración, sino que también habían otros artistas que se acercaban a mí para pedirme consejos en sus procesos artísticos.

Las cosas se dieron como si Pittsburgh me estuviera impulsando a dar los pasos necesarios para crecer como artista. Gracias a ello, he podido crear espacios en esta ciudad donde los mundos que habitan dentro mío, y son tan diferentes entre sí, tienen un espacio. Donde la sinergia entre esos mundos encuentra una vía de expresión. Donde la auténtica versión de mí, tiene un lugar para ser. 

Por un lado, para mí mi arte se ha convertido en un proceso de autodescubrimiento y autocreación. Es una manera de ir más allá de los confines de mis propias creencias, de abrazar la incertidumbre y el cambio, y de redefinirme. Por otro lado, me ha permitido conectar con la comunidad y crear momentos y espacios donde compartiendo mi historia se crean vínculos enriquecedores.

Romina Tammi Tello Lobato es una artista peruana que vive en Pittsburgh y trabaja como product owner para el condado de Allegheny. Sus obras pueden verse en Instagram @romin.art.ello, y se la puede contactar a través de firstperson@publicsource.org.

Traducción editada por Ladimir Garcia.

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